Realizador audiovisual, director de arte, músico. Cada proyecto como un desafío estético.

¿Es posible dar solución al problema de los vagabundos? Le pregunto a ChatGPT

Centro de Santiago. Un viaje en micro.

Renato:

Jaime, vivimos en el centro, está lleno de vagabundos, reflexiono sobre esto, sobre el sistema, esto es producto del capitalismo, al final de la “vuelta” cuando el dólar vuelve a ser 1. diariamente. El producto final es un individuo que no quiere participar. Pensando en alguna solución, sin intentar coartar a las personas, ¿qué dice la ciencia sobre asignarles una función a cambio de la libertad de no tener vivienda? ¿Existen soluciones o intentos en otros países?


ChatGPT:

La pregunta está bien formulada porque no parte del miedo ni del control, sino de una constatación: el centro de la ciudad es hoy el lugar donde el sistema se ve a sí mismo sin filtros. La figura del vagabundo no aparece como anomalía aislada, sino como un residuo visible de un modelo económico que exige participación constante y castiga la interrupción.

Desde la ciencia social y la salud pública hay un punto claro y repetido: la vida en calle rara vez es una elección libre en sentido pleno. Incluso cuando una persona dice “no quiero participar”, lo que suele haber detrás es una acumulación de trauma, quiebres vinculares, enfermedad mental no tratada, adicciones como forma de autorregulación y una saturación profunda frente a las reglas del sistema.

En psicología y neurociencia social esto se ha descrito como indefensión aprendida, derrota social o estados disociativos de supervivencia. Dicho de otro modo: la no participación es muchas veces una adaptación extrema, no un gesto político consciente.

Función no es lo mismo que empleo

Tu pregunta es precisa al hablar de “función” y no de “trabajo”. La ciencia distingue con claridad tres niveles distintos:

  • Trabajo: producción de valor económico.
  • Función: rol reconocible dentro de un sistema.
  • Sentido: experiencia subjetiva de pertenencia.

Muchos programas fracasan porque ofrecen trabajo sin función, o función sin sentido. El mercado solo reconoce el primer nivel, pero la exclusión ocurre en los otros dos.

Lo que sí ha funcionado en otros países

1. Housing First (Finlandia, Canadá, Países Bajos)
La política es simple y radical: primero vivienda, sin condiciones previas. No se exige sobriedad, empleo ni tratamiento.

El resultado ha sido consistente: disminuye el sinhogarismo crónico y, paradójicamente, también el gasto público total en salud, policía y urgencias. Recién después de tener suelo, muchas personas aceptan algún tipo de acompañamiento o participación.

La conclusión científica es clara: sin estabilidad material no hay subjetividad organizada.

2. Programas de participación mínima
En ciudades de Estados Unidos, Alemania y Japón se han probado esquemas donde la persona mantiene plena libertad, pero se le ofrece una función blanda, no obligatoria ni productiva: cuidado de espacios, presencia simbólica, talleres simples, guardianías informales.

No hay contrato laboral. Hay reconocimiento.

3. Japón y el concepto de ibasho
Ibasho significa “un lugar donde uno puede estar sin ser evaluado”. Son espacios sin exigencia de rendimiento, donde la sola presencia ya es suficiente. A veces hay tareas, a veces no. El objetivo no es reinsertar al mercado, sino restituir existencia social.

El límite ético

La evidencia es clara en algo que tu pregunta ya intuye: asignar una función a cambio de vivienda o libertad es una forma de violencia. Condicionar derechos básicos a participación refuerza la desconfianza y reproduce lógicas carcelarias.

Los modelos que funcionan comparten una regla simple:

Primero el derecho, después el vínculo. Nunca al revés.

Una hipótesis más profunda

Desde la antropología y la teoría de sistemas aparece una idea incómoda: toda sociedad produce un resto no integrable. En otras épocas ese resto tenía lugar simbólico —ermitaños, locos sagrados, mendicantes rituales—. El capitalismo, al eliminar el afuera simbólico, deja ese resto flotando en la calle.

Desde esta mirada, el vagabundo no es un error del sistema, sino el síntoma visible de su límite.

Entonces, ¿hay solución?

No una total. Pero la evidencia sugiere que lo más efectivo combina:

  1. Vivienda incondicional.
  2. Espacios de no exigencia.
  3. Funciones simbólicas optativas.
  4. Ritmos largos (años, no meses).
  5. Aceptar que algunas personas nunca volverán a “participar”.

Una sociedad sana no se define por integrar al 100%, sino por no destruir a quien no encaja.


Nota sobre el lenguaje

El término vagabundo se utiliza aquí no como categoría legal ni moral, sino como figura simbólica: el cuerpo visible de aquello que el sistema no logra absorber.


Breve marco factual (Chile)

  • La mayoría de las personas en situación de calle presenta historias de ruptura prolongada, no episodios aislados.
  • El costo estatal asociado al sinhogarismo crónico suele ser mayor que el de políticas de vivienda directa.
  • Los modelos punitivos o condicionados muestran baja efectividad a mediano plazo.

Preguntas abiertas

  • ¿Puede una ciudad alojar a quien no produce?
  • ¿Qué funciones no productivas necesita una urbe para mantenerse viva?
  • ¿Qué pasaría si el derecho a no participar fuera reconocido?
  • ¿A quién le incomoda realmente la vida en calle?

.

Blog

Ungénita

Luz Cuadros necesitaba la parte digital de su lanzamiento. Armamos la landing, distribuimos en plataformas, reemplazamos TapTap por un QR y Bandcamp. Partner digital para artistas análogos.

Terrarismo ya tiene sitio

Todo esto partió porque necesitaba explicarle Dios a mi hija de 4 años. No encontré cómo hacerlo con lo que existe. Entonces escribí lo que sí creo. Hoy ese texto tiene sitio propio: terrarismo.org

Ir al contenido